2017

Me encantan las navidades y eso que me han pasado cosas en esas fechas que me dan buenas razones para odiarlas. Pero han pasado muchas más cosas para que me sigan gustando. Mas allá del recuerdo feliz de que los reyes magos entraran en mi casa con camellos, la ciudad se llenara de luces, me dejaran comer más dulces y me llovieran regalos, lo que más me gusta ahora son esos días melancólicos que preceden al cambio de año con la tierna promesa de la redención. Me encanta estrenar un año en blanco. Y me he dado cuenta de que tal vez me encante estrenar a secas: me he pasado todo el mes sorprendiéndome de cómo me alegraba cuando veía a la gente por la calle estrenando zapatos relucientes regalados en reyes, pactados, probados con antelación, me alegraba por ellos (estoy segura de que en enero es cuando hay más zapatos nuevos per capita) Y si no hay zapatos siempre se puede estrenar al menos un año, empezar un calendario y una agenda.

Cuando empecé a escribir aquí en abril hablé de Lorraine Loots y su proyecto en 2014 de hacer una miniatura el día. Me daba rabia no haberme dado cuenta unos meses antes para empezar uno propio con la entidad que da el 1 de Enero para empezar cualquier cosa. La verdad es que después me olvidé de pintar acuarelas, siempre había cosas más importantes que hacer, buscar trabajo, inscribir a S en la escuela infantil, arreglar las juntas del baño, acompañar a mi abuela en sus días malos, y todas las cosas que llenan la cotidianidad y que se repiten en un eterno retorno, lavar, fregar, cocinar una y otra vez. Pero no sé cómo ni por qué, unos días antes de que terminara el 2016, mecida por esa sensación tan autocomplaciente de mirar atrás y hacer balance, y de hacer una lista de propósitos mentales para terminar el año siguiente mejor del que acababa este, volvió a mí la idea de hacer una acuarela al día y poner en práctica lo que siempre me ha gustado y que, por circunstancias que no entiendo, he ido relegando a un segundo, tercer, último plano: pintar, dibujar, mancharme las manos. 

Esta vez estaba a tiempo de llegar al 1 de Enero con esperanzas de charol y me puse a ello. Aquí están las acuarelas que he pintado durante todo el mes. No he sido todo lo disciplinada que quería y de "uno al día" he pasado a "20 al mes" que no tiene tanto punch... pero en mi defensa diré que  ¡es realmente difícil pintar todos los días! Además del trabajo y las tareas domésticas tengo un toddler (esa cosa intermedia que es un hijo que no siendo ya bebé, tampoco se puede decir que sea niño) También hubo un fin de semana en el campo compartiendo espacio con 12 personas en el que no me quería aislar 3 horas para pintar. Y muchos otros días en los que algo imprevisible cambiaba mis planes. Aprendo a pintar en espasmos de tiempo que no dependen de mí, o no solo dependen de mi inspiración o mis ganas, sino también del inestable sueño de un niño de esta edad, porque casi siempre lo hago cuando él se duerme (y se despierta, y se duerme con ayuda, y se despierta...)

A pesar de no ser una instagramer disciplinada he pintando las suficientes como para empezar a entender algunas cosas de estos pigmentos, siempre a base de errores: a veces no esperé lo suficiente a que se secase la capa anterior y se me movió lo que había debajo o empasté demasiado (tengo tendencia a usar las acuarelas como si fueran acrílicos y poco a poco intento diluir más y trabajar más con la transparencia que es lo suyo), y el peor de todos: si no soy suficientemente meticulosa acabo manchando una parte del papel con un resto diminuto de pintura que quedaba en mi mano.

Todos esos errores tienen que ver con la rapidez con la que me(nos) muevo a menudo, y por eso justamente me gusta también hacer estos mini dibujos, me obligan a parar y dedicarle todo el empeño a algo muy concreto sin prisas y con atención, mucha atención. Es por eso que tampoco he querido forzarme a cumplir con las metas que me había marcado, si dejo que este espacio se llene de ansiedad y temor por no hacerlo bien, me lo cargo (gracias a mi amigo Giuseppe, al que le oí esta idea referida al espacio que representaba para él la escritura, siempre me viene esas palabras a la mente: que este sea un espacio de libertad y disfrute)

Durante este mes he ido descubriendo la manera de trabajar, cada mes habrá un tema, en enero han sido los animales que me parecían agradecidos para comenzar. También me he dado cuenta de que sin pretender hacer miniaturas, los dibujos tienen que ser pequeños porque hay una gran diferencia del tiempo invertido dependiendo del tamaño, algunos tienen más de 4 horas de trabajo y otros a penas 2. También he decidido que quiero compartirlos y por eso los estoy colgando en Instagram en @osa_menor. La red social para inventarse deadlines y sentirse presionado es un gran invento para los procastinadores.

Mañana empieza Febrero, no es un subidón tan grande como el del comienzo del año, pero estrenar tema del mes no está mal, de hecho lo mejor de todo es que cada día, por rutinario que sea, el 12 de enero pongamos, que no significaba nada para mí, ahora cobra relevancia con su dibujo particular, es el día que conseguí pintar una ballena, y lo disfruté, y ese día existió, y no fue en vano. El 9 de Enero le dedique el dibujo del zorro a A. por su cumpleaños, el 14 nació Neila, la hija de mi prima y para ella pinté un perezoso bebé que otra persona había sugerido. El 15 nació Noah, y lo primero que nos dijo su mamá de ella es que parecía una tortuguita, para ella pinté la tortuga. Esto se ha convertido en algo mejor que un calendario, cada día importa y tiene su qué.

Por último me alegra que el mes haya terminado con un primer encargo: el 30 de Enero dibujé a Misha, la gata de la amiga de un amigo, que le quiere regalar una acuarela a la dueña para conmemorar su acogida. Gracias T.